Navidad y ausencia: cómo acompañar en tiempos difíciles
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Navidad y ausencia: cómo acompañar en tiempos difíciles
Para muchos, diciembre es sinónimo de luces, reuniones familiares y celebraciones. Pero para otros, la Navidad llega cargada de silencios, recuerdos que duelen, preocupaciones económicas o ausencias que pesan más que nunca. Y hablar de eso también es necesario.
El duelo, la distancia de los seres queridos o las dificultades económicas hacen que estas fechas se vivan de manera distinta. No todas las mesas están completas, no todas las casas tienen motivos para celebrar y no todas las personas logran conectar con el “espíritu navideño” que parece obligatorio en esta época.
La empatía como primer gesto
Acompañar no siempre significa decir algo perfecto. A veces basta con escuchar sin juzgar, con no minimizar el dolor ajeno o con permitir que alguien viva la Navidad a su propio ritmo. Frases como “deberías estar agradecido” o “todo pasa” pueden herir más de lo que ayudan.
La empatía empieza cuando entendemos que cada proceso es distinto y que no todas las emociones necesitan corrección, sino espacio.
El valor del apoyo comunitario
La comunidad – familia, amigos, universidad, barrio – cumple un papel fundamental. Un mensaje, una invitación sincera, una llamada inesperada o simplemente hacer sentir a alguien que no está solo puede marcar la diferencia. Especialmente en contextos universitarios, donde muchos estudiantes atraviesan estas fechas lejos de casa o con cargas emocionales y económicas importantes.
Acompañar también es estar atentos, ofrecer redes de apoyo y reconocer cuándo alguien necesita ayuda profesional.
Pequeños gestos que sí importan
No se trata de grandes acciones. A veces, los gestos más simples son los más poderosos: compartir un café, preguntar cómo se siente el otro, respetar los silencios, incluir sin obligar. La Navidad también puede ser un tiempo para la solidaridad cotidiana, esa que no hace ruido, pero sostiene.
Una Navidad más humana
Reconocer que no todas las Navidades son felices no le quita valor a la celebración; al contrario, la vuelve más real, más consciente y más humana. Acompañar desde el respeto y la empatía es una forma profunda de celebrar.
Porque estar presentes – de verdad – también es un acto de amor.
En medio de todo, es importante recordar que no tenemos que atravesar estas fechas solos. Pedir ayuda también es una forma de cuidarse. En el entorno universitario existen espacios de bienestar, acompañamiento psicológico y apoyo social pensados precisamente para sostenernos en los momentos difíciles. Hablar, buscar orientación y aceptar apoyo no es señal de debilidad, sino de valentía. Esta Navidad, más allá de celebrar, también puede ser un tiempo para mirarnos con más compasión y acompañarnos mejor como comunidad.
Navidad y ausencia: cómo acompañar en tiempos difíciles
