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    Menor podrá lanzar una pelota con sus nuevas manos tras trasplante

    Zion, de 8 años, paciente más joven del mundo en recibir esta operación. Participaron 40 personas.

    La cirugía para devolverle las manos a Zion Harvey, un pequeño estadounidense de ocho años nacido en Baltimore, tardó diez horas y requirió la intervención de un equipo interdisciplinario de 40 personas, en el Hospital de Niños de Filadelfia.

    Aunque la operación se realizó a inicios de este mes, apenas ahora, cuando el equipo médico confirmó su éxito, se divulgaron los resultados del que ya se conoce en los anales de la medicina como el primer trasplante bilateral de manos y antebrazos en un niño.

    El grupo de profesionales, que se dividió en cuatro grupos, utilizó placas y tornillos para fijar los huesos de los nuevos miembros a los de Zion; a continuación, volvieron a conectar cuidadosamente las arterias y las venas. Una vez se restableció el flujo de sangre, los cirujanos conectaron tendones, músculos y nervios.

    No se trata de una intervención fácil. Según Scott Levin, director del Departamento de Cirugía Ortopédica en Penn Medicine y director del programa de Trasplantes de la Mano en el Hospital de Niños de Filadelfia, el procedimiento es el resultado de años de estudio y entrenamiento, seguidos de meses de planeamiento y preparación.

    De acuerdo con el cirujano, que encabezó el equipo médico responsable de la intervención, la posibilidad de llevarla a cabo surgió en el 2011, cuando se anunció el primer trasplante bilateral de manos en un adulto. Aquel procedimiento le dio pistas al equipo que intervino a Zion, y que adaptó las complejas técnicas.

    Gustavo Quintero, decano de la Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud de la Universidad del Rosario, explica que técnicamente hablando es un poco más delicado realizar esta clase de cirugías en niños, dado que sus tejidos, vasos y nervios son estructuras mucho más pequeñas.

    Zion había vivido sin manos y sin pies la mayor parte de su vida, pues le fueron amputados siendo muy pequeño, por una severa infección que lo atacó; al tiempo, y para salvarle la vida, fue necesario hacerle un trasplante de riñón, donado por su mamá.

    Pese a todo, el pequeño era capaz de jugar, comer y hasta escribir, y ganó mayor autonomía luego de que le fueron implantadas dos prótesis para sus pies.

    Según el hospital, el niño había sido elegido para el trasplante de manos por su condición de salud. “El trasplante de riñón que recibió después de la infección que lo afectó lo convirtió en un buen candidato, pues ya tomaba medicamentos para evitar el rechazo de ese órgano”, explicó Benjamin Chang, codirector del programa de Trasplante de Manos de este hospital. Esto significa que está acostumbrado al tratamiento, lo que reduce el riesgo de rechazo de las manos.

    Por ahora, deberá permanecer unas semanas más en el hospital; eventualmente será trasladado a una unidad de rehabilitación, donde sus manos serán sometidas a una rigurosa terapia, varias veces al día, con el propósito de que su función mejore y le permitan al pequeño cumplir el sueño de lanzar un balón de fútbol.

    Quintero afirma que el desarrollo de sus implantes será tan natural como el del resto del organismo, que acabará aceptando las manos como parte suya.

    Y a la pregunta de por qué esta clase de procedimientos son más comunes en adultos que en niños, el decano de la Escuela de Medicina del Rosario responde que el problema, en el fondo, no es técnico. “Lo complicado es conseguir los donantes –dice–. Es difícil, por la sensibilidad que rodea el tema, que los papás de un pequeño fallecido contemplen la posibilidad de donar sus órganos”.

    Zion halló donante gracias a la gestión de la organización sin ánimo de lucro Gift of Life Donor Program.

    SALUD*
    Con información de eltiempo.com, Efe y AFP