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  • 15Jun,17

    ¡Gracias ciclistas! El uso de bicicletas está disminuyendo CO2 en Bogotá

    El aporte ambiental que hacen los más de 635.000 viajes en bicicleta que, según cálculos de la Secretaría de Movilidad, se realizan al día en Bogotá, no es menor. Los trayectos cortos, de menos de 5 kilómetros, les traen un ahorro de cerca de 1.206 toneladas de dióxido de carbono (CO2) equivalentes al año a los bogotanos, en comparación con si estos se hicieran en carro.

    El cálculo fue hecho por el investigador de la Universidad Manuela Beltrán, Enrique Rojas, de la facultad de Ingeniería Ambiental. Señala que si, por ejemplo, se trasladaran estos ciclistas en moto, en vez de usar la bicicleta, al año se registrarían en la ciudad 762 toneladas de CO2 equivalentes.

    La cifra, en caso de que esos viajes se realizaran en un bus, equivaldría a 393 toneladas de CO2 en un periodo anual.

    “Esta es la huella de carbono que le dejarían esos desplazamientos a la ciudad, lo que, en materia ambiental, muestra que es un gran aporte. Este cálculo se hace solo teniendo en cuenta el uso de esos vehículos, y no la fabricación y producción”, precisó el investigador.

    La huella de carbono es un indicador que permite medir el impacto de los gases de efecto invernadero en el calentamiento global, y se mide en dióxido de carbono (CO2) equivalente.

    Así, si se toma como base un viaje de 40 kilómetros (ida y vuelta) al día, mientras una moto genera 1,7 toneladas de CO2 equivalente al año, y un carro 2,8 toneladas, las bicicletas y los desplazamientos a pie producen cero emisiones.

    En trayectos largos

    El mismo ejercicio fue realizado, pero esta vez, calculando con el experto si esos 635.000 ciclistas realizaran viajes mucho más extensos, como es el caso de Andrés Fuentes, que en la actualidad se desempeña como guarda de seguridad y habita en el barrio Chicalá (en la localidad de Bosa).

    “Yo todos los días tengo que ir al Chicó (en Chapinero). Mi ruta consiste en llegar a la avenida Las Américas, tomar la NQS y subir por la calle 92”, explicó el hombre, de 38 años. El recorrido que realiza este biciusuario al día en ambos trayectos (ida y regreso) equivale a 40 kilómetros.

    Basados en esta distancia, y si todos los ciclistas urbanos de la ciudad realizaran un recorrido similar diario, la ciudad dejaría de respirar 4.800 toneladas de CO2 equivalente al año, en comparación a si estos viajes se efectuaran en carros.

    Para el caso de que se hicieran en transporte público, correspondería a 1.548 toneladas de CO2 equivalentes al año y a 3.048 toneladas si usaran motos.
    Sin embargo, Enrique Rojas explicó que no todos los trayectos en bicicleta son así de largos, pues atravesar la ciudad de sur a norte corresponde aproximadamente a 30 kilómetros.

    Estos cálculos no están alejados de la realidad. En un día sin carro en Bogotá, jornada que se lleva a cabo todos los años en febrero, y en la que circulan más de dos millones de ciudadanos en bicicleta, se dejan de emitir 15.000 toneladas de CO2 en la capital, según datos de la dirección de Control Ambiental de la Secretaría de Ambiente.

    Viajes rápidos

    El investigador en ingeniería de transporte de la Universidad de los Andes, Álvaro Rodríguez, señaló que uno de los beneficios del uso de las ciclas, además de ocupar menos espacio en las vías que otros vehículos, es que el biciusuario tiene certeza del tiempo que tardará su viaje, sobre dos ruedas, lo que le agrega un punto a favor a este vehículo.

    “Cuando una persona sale sabe cuánto tiempo, en promedio, tardará su viaje, y eso genera confianza en la bicicleta. No es lo mismo con un carro, en el que un accidente en la vía puede retrasar el trayecto”.

    Finalmente, llamó la atención sobre el número de biciusuarios que han dejado de pedalear, para pasarse a otros medios de transporte, como la moto, por la calidad del aire de la ciudad.

    “El usuario de bicicleta va a un ritmo más rápido que un peatón. Respira más rápido y por ende inhala mayor cantidad de contaminantes, que pueden generar enfermedades respiratorias”, señaló Rodríguez, quien agregó que en un estudio que adelantan en la Universidad de los Andes ya han identificado algunos casos, pero que calcular esta cifra para la ciudad es una tarea difícil.

    Pese a esto, hay algunos biciusuarios que le han hecho frente a este problema, usando máscaras antipolución o de filtro de carbón activado para contrarrestar la inhalación de estas partículas.

    Espacio de bicicletas en Bogotá

    En un espacio de parqueo caben 40 bicicletas plegables, según el ejercicio de Despacio y la Universidad de los Andes.

    Foto:

    Centro de investigación Despacio

    Racionalización de espacio

    Según los cálculos hechos por Felipe Pardo, del centro de investigaciones Despacio, junto con la Universidad de los Andes, en la misma área de un solo cupo de carro en el parqueadero (de 2,4 metros de ancho por 4,8 metros de largo) podrían ubicarse hasta 40 bicicletas plegadas.

    El mismo ejercicio hecho por el Observatorio de Movilidad de la Cámara de Comercio de Bogotá, en el 2014, mostraba que en ese espacio caben 20 bicicletas no plegadas.
    Otra estimación que se puede realizar es que en la ciudad han dejado de rodar 3.968 articulados de TransMilenio (si se tiene en cuenta que en cada uno caben 160 pasajeros), 12.700 buses zonales del Sistema Integrado de Transporte (para el caso de aquellos con cupo para 50 personas) y 127.000 carros particulares, si se tuviera en cuenta que en cada uno caben cinco personas; esto gracias a los 635.000 ciudadanos que se ‘bajaron’ de los transportes motorizados para pedalear por la capital.

    Esto muestra la eficiencia en el espacio público que traen las bicicletas.

    Si no existiera infraestructura ciclística

    Los expertos consultados por EL TIEMPO coinciden en que si Bogotá no le hubiera apostado desde hace años a impulsar el uso de la bicicleta y no se contara, por ejemplo, con más de 470 kilómetros de ciclorrutas y bicicarriles, esos mismos viajes igual se habrían realizado, pero con menores condiciones de seguridad vial, lo que habría aumentado las muertes de los usuarios de la bicicleta en la capital.

    “Si no hubiera esa infraestructura, habría una cantidad de ciclistas que usarían la vía compartida con los carros, como hoy ocurre en la carrera 7.ª, que cuenta con alto flujo de biciusuarios”
    , señaló Álvaro Rodríguez, investigador en ingeniería de transporte.
    En lo mismo coincide Carlos Felipe Pardo, de Despacio, pues asegura que “la bicicleta siempre se ha usado en Bogotá. Estas personas de todas formas habrían tenido que ir a su trabajo en bicicleta en una situación muy peligrosa”, señaló, y recomendó que más allá de mirar el indicador de extensión de kilómetros de ciclorruta en la capital, se debe revisar si esta, en su totalidad, es apta para realizar viajes sin peligro para los biciusuarios.

    En la misma línea, Rodríguez enfatizó en que pese a la amplia extensión de la red vial para ciclistas, la mayor cantidad de sus quejas están relacionadas con la falta de mantenimiento del pavimento de algunos tramos.

    “Hay otro tema que se debe tener en cuenta, y es que todavía hay que trabajar en intersecciones seguras y semaforización. En algunos puntos al ciclista le toca meterse al tráfico, porque no hay señales de tránsito. También falta conectividad en algunos tramos”, explicó Rodríguez.

    Riesgo de afecciones

    “Media hora de actividad física al día reduce el riesgo de problemas cardíacos en 50 por ciento”, recuerda Felipe Pardo, director del centro de investigación Despacio.
    A su vez, la Secretaría de Movilidad de Bogotá destaca que este medio contribuye a mitigar los problemas relacionados con el sedentarismo, como la obesidad y la diabetes.

    Además, respecto a la accidentalidad, señaló que mientras que un ciclista se desplaza a 12-15 kilómetros por hora, un choque a tal velocidad entre dos ciclistas, o con un peatón, tiene menor probabilidad de lesiones o de causar la muerte que si ocurriera con un vehículo motorizado que vaya a más de 30 km/h, caso en el cual hay un 90 por ciento de probabilidad.

    MICHAEL CRUZ ROA
    Periodista de EL TIEMPO  – eltiempo.com