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  • 23Jul,15

    El difícil camino para cerrar Guantánamo

    La Casa Blanca anunció este miércoles la puesta a punto de plan para clausurar la prisión militar.

    Pocos días después de restablecer relaciones diplomáticas con Cuba tras 54 años de ruptura, el presidente Barack Obama le apuntó a otro de sus grandes objetivos en política exterior que hasta ahora le ha sido esquivo: el cierre de la prisión militar que tiene EE. UU. en Guantánamo.

    De acuerdo con la Casa Blanca, la administración demócrata está ya en las etapas finales de un plan que permitiría ponerle punto final al polémico centro de detención de una manera “segura y responsable”.

    Según John Earnest, portavoz de la Oficina Oval, el plan se daría a conocer en las próximas semanas y luego se presentaría al Congreso para que este tome una decisión final.

    Aparte de eso, la Casa Blanca no dio mayores detalles sobre el plan, salvo para añadir que su clausura es un tema que compete a la seguridad nacional.

    Guantánamo, no hay duda, ha sido todo un dolor de cabeza para el presidente afroamericano en los seis años que lleva en el poder.

    Ya desde su campaña para las elecciones presidenciales del 2008, el hoy mandatario había prometido que el cierre de la prisión sería una de las más altas prioridades de su gobierno, e incluso apostó a su clausura durante los primeros 365 días de su mandato.

    Pero antes de que se cumpliera esa fecha tuvo que dar marcha atrás, pues sus propios asesores le recomendaron prudencia mientras se resolvían las preguntas jurídicas que esto planteaba.

    La prisión fue creada en el 2002 por el entonces presidente George W. Bush para retener a supuestos terroristas capturados durante las guerras de Irak y Afganistán. Más importante aún, su carácter extraterritorial (está en Cuba) le permitió a EE. UU. detenerlos sin ofrecerles las garantías de debido proceso que tendrían si llegaban a territorio continental.

    Desde entonces, más de 900 presos han pasado por la isla, donde aún permanecen 116.

    La comunidad internacional, en general, ha criticado el concepto de la isla prisión, donde además, según reportes ya confirmados por investigaciones del mismo gobierno estadounidense, se ejecutaron torturas contra los detenidos.

    Hace pocos meses, Obama confesó durante un evento público en Ohio que se había equivocado al no cerrar la prisión desde su primer día en la Casa Blanca y cuando contaba con un Congreso de mayoría demócrata que lo habría respaldado. Pero el triunfo republicano en las elecciones del 2010 complicó aún más las cosas.

    A lo largo de estos cuatro años, el legislativo ha aprobado medidas que han amarrado las manos del presidente, no obstante contar este con la autoridad para cerrar la isla si así lo quisiera. Primero, una norma que impide la transferencia de los presos a cárceles de EE. UU. Frente a eso, la administración había respondido repatriando a algunos detenidos a sus países de origen o enviándolos a naciones amigas que aceptaran recibirlos.

    Los republicanos, temerosos de que los presos fueran liberados una vez salieran de Guantánamo, aprobaron otra ley con tal cantidad de restricciones que volvió casi imposible la transferencia del último contingente de presos.

    De hecho, un reporte interno de la Casa Blanca concluyó en el 2013 que al menos 46 de los presos eran muy peligrosos para ser trasladados a otros países o juzgados en cortes de EE.UU. Esto, en la práctica, los deja en un limbo jurídico que no parece tener pronta solución.

    Peor aún, los chances de que Obama pueda cerrar la prisión se redujeron considerablemente el año pasado, cuando los republicanos ganaron el control absoluto del Congreso.

    Precisamente esta semana, el diario New York Times publicó un artículo en el que sostiene que los nuevos esfuerzos por cerrar Guantánamo están colapsando. “Las posibilidades de que el cierre se logre bajo el gobierno Obama son cada vez menores”, le decía al Times Robert M. Chesney, hoy en la Universidad de Texas, pero durante años encargado del programa de los retenidos en la isla, el cual funciona en la Casa Blanca.

    Aun así, para Obama se trata de un tema importante. No solo porque lo prometió sino porque sabe que la normalización de relaciones con Cuba será imposible mientras la prisión exista y EE. UU. continúe ejerciendo su soberanía sobre la bahía de Guantánamo.

    En su discurso en Ohio, Obama dio a entender que si bien el cierre era inexorable, este probablemente tardaría muchos años más en llegar. Pero, con su nuevo plan, Obama indica que está dispuesto a dar un último empujón.

    eltiempo.com