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  • 10Feb,15

    Denuncia de un robo masivo en TransMilenio

    “Un joven de unos 22 años, alto y moreno, puso su cuchillo gigante a centímetros de mi cara”.

    Como esa vieja película de terror en la que una mujer muere apuñalada en una bañera, así me sentí cuando un joven de unos 22 años, alto y moreno, puso su cuchillo gigante a centímetros de mi cara para arrebatarme el celular en un bus de TransMilenio.

    Sucedió el pasado viernes, después de salir de un evento en Chapinero. Ya eran más de las 10 de la noche y decidí tomar en la estación de la calle 45, sobre la avenida Caracas, un bus que me llevara hasta el Portal del Norte. A esa hora, lo primero que pasó fue un servicio ruta fácil B1; lento, pero seguro, pensé. (Lea también: TransMilenio enfrentará la inseguridad con 11.000 millones de pesos)

    Me senté justo detrás del conductor, tal vez para sentirme acompañada en un articulado que llevaba unas 20 personas, cada una en su lugar, en su propio mundo. Pero la calma se acabó justo cuando el bus paró en la estación Flores, cerca de la calle 67.

    Los primeros gritos llegaron de la parte de atrás, de las personas que alcanzaron a huir del vehículo. El terror se había subido a bordo encarnado en unos 10 jóvenes que, decididos, apuntaban sus cuchillos a los pasajeros. Increpaban sin cesar, “¿se va a hacer chuzar, se va a hacer chuzar?”. (Vea: ‘Nadie hizo nada para ayudarme’: joven apuñalado en su cara)

    A mí me fue bien. Lo único que tenía a la mano era un celular iPhone 4S que di sin resistencia. A un hombre que iba a mi derecha le arrancaron una cadena de oro con una violencia atroz. Era la vida o la muerte en una decisión que a todos nos tocó tomar: entregar nuestras pertenencias.

    El asalto, cinematográfico, terrorífico, duró pocos segundos, así se haya sentido como una eternidad. Los delincuentes de turno, la decena de ellos, salieron de la estación y, descarados, se ubicaron en una esquina cercana, visible, para contar y repartir su botín.

    Insólitamente, el conductor del bus ni se inmutó ante el atraco. A pesar del pánico, luego de unos segundos cerró las puertas y arrancó como si hubiera dejado a un pasajero más. Los pocos que quedamos con alientos nos bajamos y acudimos a los funcionarios de TransMilenio de la estación. Ni ellos ni unos policías que venían de otro bus supieron cómo reaccionar.

    La actitud de los uniformados fue displicente. No nos informaron cómo denunciar y no quisieron ir por los ladrones que seguían en la esquina, a la vista de todos, porque no tenían refuerzos. Para rematar, uno de ellos me dijo que esa misma banda había apuñalado a un auxiliar minutos antes en otra estación.

    ¿Cómo es posible que acaben de apuñalar a un policía, nos atracan a nosotros y ustedes no hacen nada? Ni siquiera pararon el TransMilenio, me pregunté ese viernes y me sigo interrogando hoy, cuando los nervios y el recuerdo del atraco siguen vivos en mi cuerpo.

    La historia de mi regreso a casa terminó sobre las 11 de la noche, después de cansarme de reclamar a los funcionarios y de tomar, acompañada por otras víctimas, un nuevo articulado hasta el Portal Norte.

    Antes el temor de un atraco estaba latente en la calle, en los buses normales. Desde el pasado viernes estará cada vez que me suba a un TransMilenio, el transporte que uso todos los días.

    Policía y TransMilenio responden

    Luego de una llamada de EL TIEMPO, la división de la Policía encargada de custodiar TransMilenio dijo que no había recibido denuncias sobre ese robo y contactó a la víctima, que prefiere ocultar su identidad, para conocer lo sucedido. El coronel José Palomino, comandante del sistema, afirmó que ya se investigan los hechos y desmintió que uno de sus hombres hubiera resultado herido en la noche del viernes.

    Voceros del sistema de transporte respondieron a su turno que en sus bitácoras de seguridad no se recibieron denuncias o reportes sobre hechos delincuenciales en la estación y hora mencionada por la usuaria. Así mismo, invitaron a los pasajeros que se sientan asaltados o vulnerados a llamar a las líneas 123 o 195 para alertar a las autoridades.

    ELTIEMPO.COM