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  • 02Mar,15

    Cada día más de 2.050 llantas terminan invadiendo el espacio público

    Terminan en andenes, separadores, parques, humedales e incluso frente a las casas.

    Como si los problemas de Bogotá no fueran ya bastantes, los habitantes de la capital están teniendo que soportar un ‘tsunami’ de llantas viejas que si bien comenzó ‘inundando’ los separadores de varias de las principales vías de la ciudad, ahora está afectado hasta zonas residenciales.

    La primera alerta sobre el tema la hizo EL TIEMPO en septiembre del 2014. Y aunque el abandono de llantas en espacio público siempre ha existido, el problema se disparó sensiblemente desde finales del año pasado. Ninguna autoridad sabe del todo qué está causando este fenómeno, pero lo cierto es que un vacío jurídico en la resolución del Ministerio de Ambiente que regula el manejo de llantas usadas tiene al Distrito, al Gobierno y a los empresarios del sector sin poder alcanzar un acuerdo para que haya un responsable claro en la recolección y correcta disposición de estos desechos. (Lea:Y ahora, ¿quién va a recoger las llantas usadas de Bogotá?)

    La situación es cada vez más crítica, pues en la capital cifras oficiales indican que tres de cada 10 llantas –750.000 de 2’500.000 que cumplen su vida útil por año– terminan en andenes, separadores, parques, humedales e incluso frente a las casas. Es decir, cada día más de 2.050 llantas terminan invadiendo el espacio público.

    Pero esto se ha visto agravado por un notorio aumento del abandono de llantas en barrios y avenidas, especialmente en horas de la noche.

    Susana Muhamad, secretaria de Ambiente de Bogotá reconoce que aún no se ha logrado identificar a las personas que están abandonando las llantas en horarios nocturnos, ni sus motivos.

    “No tenemos claro por qué las llantas aparecen en otros lugares distintos a los 20 puntos críticos que conocemos, y que están en Fontibón, Barrios Unidos, Antonio Nariño, Mártires, Puente Aranda y Suba”, sostiene.

     

    Esto ha hecho que reclamos de la ciudadanía sean cada vez más comunes. “Ahora se ven llantas hasta en plena carrera 11 con calle 81 (muy cerca del Centro Comercial Andino), donde nunca antes se había visto ese problema”, dice un ciudadano. Otro denuncia: “Un día dejaron dos llantas en la esquina de la carrera 3.ª con calle 72 B (barrio Techo, en Kennedy). Al poco tiempo fueron apareciendo más y más llantas y se acumularon durante dos meses, hasta que por fin se las llevaron”. (Lea: Denuncian fallas en puntos de recolección de llantas en Bogotá)

    La avenida Caracas es tradicionalmente uno de los puntos donde más se abandonan llantas en Bogotá. Se ven a diario.   Foto: Carlos Ortega / EL TIEMPO.

    Élmer Cardozo, director del programa de posconsumo de llantas Rueda Verde, liderado por la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia (Andi), atribuye buena parte del abandono de estos residuos a los montallantas y talleres de mecánica, y en una muy baja proporción a los ciudadanos del común.

    Pero además lanza una hipótesis adicional: “Hay depósitos que surgen como iniciativas de reciclaje, pero que luego no logran las condiciones de mercado necesarias y, con el tiempo, terminan viéndose obligados a deshacerse de las llantas. Para lo cual recurren a la forma más fácil y barata: arrojarlas en cualquier esquina”.

    Otra posible hipótesis explicativa surge de una información suministrada por Muhamad: desde diciembre se han sellado 29 establecimientos comerciales por mal manejo de estos residuos y se han impuesto nueve comparendos, cada uno por 6 millones de pesos, para evitar que se repitan tragedias como la ocurrida en noviembre en una bodega de Fontibón, donde se incendiaron 600.000 llantas, que generaron una emergencia ambiental en la ciudad.

    ¿Está el miedo a las multas disparando el abandono de llantas en la vía pública?

    La solución va lento

    Sea cual sea la causa, el fin de este problema no parece cercano. El cálculo más optimista para tener una solución definitiva lo hace la Secretaria de Ambiente de Bogotá, quien advierte que no antes de mitad de año se llegaría a un acuerdo dentro de la mesa nacional de llantas, en la que esa entidad participa desde enero junto a distintos ministerios, empresarios, la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (Anla) y la Agencia Nacional de Infraestructura (Ani).

    “Como Distrito propusimos que la competencia de control de llantas sea asumida por las autoridades ambientales y que se pueda generar una concesión para la recolección de las mismas, para que una buena parte de los neumáticos se puedan llevar a los hornos cementeros, ya que tienen propiedades combustibles, y se usen también en la mezcla asfáltica para rehabilitación y construcción de vías”, señaló Muhamad.

    Francisco José Gómez, director de Asuntos Ambientales Sectorial y Urbana (Dasu) del Ministerio de Ambiente, reconoce la falta de claridad en el tema, pero cree que “las autoridades territoriales, en este caso el Distrito, deberían encargarse de la recolección de las llantas bajo el concepto de área limpia” que rige en todo el país.

    Cardozo –quien al frente de Rueda Verde representa a 82 empresarios de producción, importación y comercialización de llantas en el país– recalca que otros 150 actores de ese sector no han querido someterse a la regulación, lo que hace que el control total del posconsumo de llantas se complique aún más. (Bogotá sigue en riesgo ambiental por 1,2 millones de llantas usadas)

    “Solo en Bogotá, el año pasado recogimos 1’200.000 llantas para llevarlas a la planta de tratamiento ubicada en Mosquera (Cundinamarca). La norma nos obliga a recoger el 30 por ciento a través de los puntos de recepción –en Bogotá hay más de 100– y la meta se cumplió de sobra, pero no sabemos qué pasa con las demás llantas y eso también se quiere solucionar en la mesa nacional. Así mismo, se deben incluir en la regulación las llantas de motocicletas”.

    Según el Ministerio de Ambiente, 5’300.000 llantas cumplen su vida útil al año en Colombia, lo que equivale a unas 100.000 toneladas.

    Plan de contingencia

    Mientras se toma una decisión, el Distrito ha implementado un “plan de contingencia” gracias al cual se han recogido 30.000 llantas durante los últimos tres meses, especialmente en los 20 puntos críticos de las localidades ya mencionadas.

    Y también planea medidas adicionales para evitar que se repita el caso del grave incendio de llantas en Fontibón. Muhamad anunció que el Distrito va a expedir una resolución para reglamentar con más detalle las condiciones de almacenamiento de las llantas y que se va a obligar a todos los montallantas de la ciudad a registrarse en la Secretaría de Ambiente para hacer control y seguimiento a las condiciones de almacenamiento de todo local con más de 50 llantas.

    En todo caso, por ahora la ciudadanía sigue siendo la principal afectada. Incluso, se han visto episodios de comunidades que, cansadas de ver las llantas acumuladas frente a sus casas deciden quemarlas, quizás desconociendo los riesgos para la salud que esto implica.

    Luis Jorge Hernández, médico epidemiólogo y docente universitario, advierte que la incineración de las llantas accidental o provocada produce sustancias tóxicas que incluso pueden llegar a ser cancerígenas. “Las sustancias de combustión, que son las dioxinas y los furanos, pueden ser inhaladas o ingresar al cuerpo a través de la piel, con efectos como la irritación de los ojos y las enfermedades broncorrespiratorias”, dice el especialista.

    Para completar, el agua que sea acumula en el interior de estas llantas abandonadas facilita la proliferación de moscos, zancudos y hasta ratas, todos transmisores de enfermedades gastrointestinales y otras que afectan la piel.

    El otro efecto negativo lo sintetiza Eduardo Behrentz, decano de la facultad de Ingeniería de la Universidad de los Andes, en el deterioro del espacio público. “El abandono de llantas no solo afecta la estética de la ciudad. Está bien documentado que la deficiencia en la calidad del espacio público está directamente relacionada con la percepción de inseguridad y la delincuencia misma, pues cuando hay un espacio mal iluminado, con basura y escombros o llantas, se da una sensación de falta de institucionalidad que puede estimular la comisión de delitos”, opina Behrentz.

    Los usos ideales

    Las llantas recogidas por el programa Rueda Verde van a parar, en el caso de Bogotá, a una planta de tratamiento en Mosquera (Cundinamarca). “La máquina recibe la llanta y separa el caucho (80 %), acero (15 %) y fibras textiles (5 %)”, dice Élmer Cardozo, director de la corporación. El caucho que se obtiene se puede aprovechar como poder calórico en calderas, en procesos industriales (calzado, parques, pistas atléticas o canchas de fútbol) o pulverizado para incorporar en las mezclas asfálticas para rehabilitación de vías. Sin embargo, la demanda actual, sobre todo en este último aspecto, es bastante débil, pero existen propuestas como la del Distrito, que obligaría el uso del gránulo de caucho (en un 18 por ciento de la mezcla asfáltica) para el ciento por ciento de la construcción y rehabilitación de vías en la ciudad, de aquí a tres años. “Lo ideal es que se haga en todo el país”, concluye Susana Muhamad.

    CARLOS GUEVARA