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  • 23Jul,15

    Buscan tiendas escolares más saludables en Bogotá

    La Secretaría de Educación trabaja en una propuesta para bajar la oferta de gaseosas y promover las frutas y verduras.

    Si el encargado de una tienda escolar le ofrece a un estudiante de undécimo que compre un trozo de papaya se expone a su burla. Y en caso de que acceda a la oferta, el joven corre el riesgo de someterse a las mofas de sus compañeros por estar “haciendo dieta”. Jackeline Suárez, administradora de dos tiendas de colegios distritales, ilustra con esta anécdota la dificultad de ofrecerles a los estudiantes alimentos considerados sanos. “Gaseosa y empanadas. Eso es lo que más piden”, dice. Las empanadas las prepara al horno y no fritas, para evitar que prime la grasa, pero, de todas formas, admite que en media hora de recreo es difícil cambiar los hábitos alimenticios que traen los niños y adolescentes de sus casas.

    Un primer paso para hacerlo quiere dar la Secretaría de Educación Distrital (SED), que pretende modificar la resolución 234 de 2010, la cual rige el funcionamiento de las tiendas escolares en Bogotá. El objetivo, a grandes rasgos, es mejorar la alimentación de los alumnos por medio de una oferta sana que complemente aquella de los refrigerios y comedores escolares.

    En la SED parten de un diagnóstico que preocupa. Censos realizados en 2011 y 2013 concluyeron que 21 de cada 100 estudiantes de colegios distritales sufren de exceso de peso (sobrepeso y obesidad) y 9 de cada 100 tienen una estatura menor de la que deberían tener a su edad. En 2013 los alumnos con bajo peso correspondían a 1,9%, una proporción que aumentó con respecto a 2011, cuando el porcentaje fue de 1,4%.

    Una alimentación inadecuada puede ser la causa de buena parte de estas estadísticas. Mábel Sandoval, directora de Bienestar Estudiantil de la SED, explica que tanto en los refrigerios como en los comedores, que le corresponden a la Alcaldía, se da “un componente nutricional de acuerdo con la edad de los alumnos”, pero deben esforzarse para incidir en lo que estos consumen en las tiendas escolares.

    La resolución vigente establece que “de manera permanente se deberán ofertar alimentos saludables como frutas enteras o en jugo, verduras como zanahoria o tomate, bebidas lácteas (…) entre otros que tendrán que representar como mínimo el 50% de la oferta total de la tienda escolar durante la jornada”. La SED pretende que la nueva norma especifique y no sólo establezca un porcentaje de los alimentos. Así, establece como obligación la oferta de frutas (enteras, picadas o en jugo), verduras (ensaladas, enteras o como parte de preparaciones), barras de cereal, frutos secos, derivados de cereales, lácteos y sus derivados (donde haya posibilidad de refrigerar alimentos) y agua potable “ubicándola en un lugar visible”.

    En cuanto a las prohibiciones, se pretende suprimir la oferta de salsas (como las de tomate, rosada, mayonesa, mostaza), “debido a que este tipo de aderezos se constituyen en alimentos fuentes de grasas que no favorecen una adecuada alimentación”. Por otra parte, el objetivo es dejar de ofertar la gaseosa una vez por semana. Cabe anotar que en las tiendas escolares ya está prohibido el expendio de chicles y bebidas energizantes.

    Incluso se pretende que el colegio celebre mensualmente el Día de la Buena Nutrición, durante el cual no les podrán vender a los alumnos “alimentos fritos, bebidas azucaradas, paquetes y dulces en general”. Sandoval agrega que la intención es crear hábitos saludables, aunque, como Jackeline —la administradora de las dos tiendas—, admite que cuando en la casa un niño aprende a alimentarse mal es difícil que en el colegio actúe diferente.

    Jackeline cuenta, por ejemplo, que ha intentado ofrecer arroz con leche y salpicón, “pero de 10 vasos que se preparan para un colegio de 1.500 estudiantes se quedan cinco. Puede haber oferta de esos alimentos, pero no hay demanda”. El temor, por más que esté de acuerdo con las buenas intenciones que persigue la Alcaldía, es que después de ocho años en el oficio tener la tienda ya no sea negocio, sobre todo porque debe pagar el sueldo de sus empleados y el arriendo del espacio al colegio.

    Otra visión sobre este tema la da Margarita Baquero, operadora de una tienda escolar cuyo testimonio destacó la SED en el primer encuentro distrital de tenderos escolares, que se llevó a cabo a finales de junio. En ese espacio contó una experiencia exitosa de cambio: “No es cambiar de un día para otro ni de dejar a un lado lo que siempre hemos vendido. Nosotros lo que hicimos fue darles prioridad en los estantes a las frutas y los alimentos nutritivos. El salpicón, por ejemplo, es una opción atractiva y al mismo tiempo nutritiva para los niños, que ya no desayunan con un paquete sino con una deliciosa porción de frutas”.

    Este punto lo contempla la propuesta de la nueva norma: que los alimentos sanos estén exhibidos “delante de otros productos en mostradores, estantes, neveras, de tal manera que este tipo de alimentos se encuentren de primera mano para la población objetivo”.

    La propuesta para modificar la resolución vigente cursa su trámite en la Oficina Jurídica de la SED, que se encargará de definir si todas las pretensiones son válidas legalmente. La intención es que la nueva norma entre a regir este año, de tal forma que se anexe a los contratos de arrendamiento que firman los tenderos con los colegios.

    Sandoval, de Bienestar Estudiantil, aclara que no se pretende llegar a las sanciones para quienes incumplan la futura resolución, pero actúan con la convicción de que es necesario hacer las reformas del caso. Anuncia que el siguiente paso es llegar hasta las casas para persuadir a los padres de familia de alimentar mejor a sus hijos. El reto es grande porque no es sólo un trabajo de convencimiento: “Son de población vulnerable y consumen mucha harina y poca proteína porque la proteína es lo más caro”. Un proyecto con la Universidad Nacional les permitirá trabajar en este frente, teniendo en cuenta que el foco inicial deben ser los más pequeños, pues los alumnos más grandes, como lo ilustró Jackeline, ya con gustos establecidos, en vez de cobrar consciencia, pueden incluso burlarse.

    elespectador.com